El carácter destructivo en la Botánica Surrealista de Daiana Stanley

Por Juan Florenciañez

«El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos en todas partes.»

Walter Benjamin (1989)


Diana Stanley expone su carácter destructivo –para utilizar la expresión que introduce Benjamin en aquel artículo homónimo, publicado el 20 de noviembre de 1931 en Die Franfurter Zeitung– en estas obras, que configuran en conjunto un imaginario hecho de representaciones botánicas en un encierro geométrico. Encierro que nos remite a un control que impone límites e impide que se disparen, amorfas, las fuerzas contenidas en ese complejo entramado de la representación, gobierno de la forma que está presente todo el tiempo en la obra de la artista. El encierro justifica, así, su imaginario, puesto que lo puramente orgánico de la vida botánica queda plasmado desde un punto de enunciación que es del control de la potencialidad desordenada de la materia. El carácter destructivo se plasma en la búsqueda de formas y el encierro geométrico de lo orgánico, de lo vivo de las plantas. Persiste, no obstante, cierta opacidad en estas composiciones porque al mismo tiempo lindan claramente con el campo de lo onírico, al filo del cual se sitúa, amenazando con sumergirse en él, toda la muestra. 

Por consiguiente, nos acercamos a una mirada muy personal, que nos advierte del sinfín de posibilidades a las que se abre toda obra. Ticio Escobar menciona (2004): «El arte no puede prescindir de la forma; pero quizás pueda deformarla» (pág. 90). Es esta relación entre forma y descomposición lo que observamos en la propuesta Botánica Surrealista, cuyo título ya es una invitación a arriesgarse a las posibilidades del juego de las formas, como plantea el surrealismo en tanto trabajo de exploración y reflejo del subconsciente que deja de lado la racionalidad en la representación.

Toda la muestra está recorrida por esta dinámica con la cual la artista construye lo visual de su obra jugando con esa relación, encerrando la forma orgánica en geometrías que a veces, sin embargo, se disparan y se salen del molde, desafiando y confirmando a la vez la preocupación de la artista por mantener un esquema donde la forma imponga y preserve el equilibrio sobre los desbordes, fugas, derivas y constantes transformaciones de la materia, de lo orgánico, sin asfixiar su vitalidad. El carácter destructivo, escribe Benjamin en 1931 en el texto citado al comienzo, «reduce» y «simplifica el mundo»: «sólo conoce una consigna: hacer sitio; sólo una actividad: despejar». Es su función, su tarea, «hacer sitio», «despejar», porque «comprueba hasta qué punto merece la pena su destrucción» en la búsqueda «de la más honda armonía». En el complejo campo de acción sobre el cual la artista lleva a cabo su investigación sobre las plantas, el estudio de cada planta y su configuración queda plasmado en representaciones que luego son encerradas dentro de formas geométricas, proceso que revela su obsesión por el control y su búsqueda de perfección. El principio apolíneo que se expresa en la actividad del carácter destructivo como actividad delimitadora, como actividad de orden, de búsqueda de forma, de control, de límites geométricos, coexiste en la presente muestra de Daiana Stanley con sugerencias surrealistas y oníricas que permiten prever un inmenso universo visual que puede abrirse camino en una infinidad de direcciones.


Bibliografía

  • Benjamin, W. (1989). El carácter destructivo. En W. Benjamin, Discursos interrumpidos I. Filosofía del arte y de la historia. Buenos Aires: Raurus.
  • Escobar, T. (2004). El arte fuera de Sí. Asunción: CAV Museo del Barro .